jueves, 23 de febrero de 2017

Felicidades ... ¿qué hay de nuevo viejo?

Por favor, que nadie al leer el título y relacionarlo con el día de publicación de este artículo  piense cosas extrañas, a los más jóvenes les sonará casi a chino, pero a los viejos de lugar, o sea a los de mi quinta, se les vendrá a la cabeza cierto día en que unos descerebrados entraron pegando tiros en el congreso de los diputados. A mí no se me olvidará nunca. Era aún demasiado pequeño para entender en profundidad todo lo pasó y más aún lo que podría haber sucedido de prosperar ese intento de golpe de estado. Eso sí, era lo suficientemente mayor para darme cuenta que aquel día me jodieron mi fiesta de cumpleaños. De ahí viene el título del artículo, hoy soy un poco más viejo que ayer, pero menos que mañana. Aunque como todo, depende del cristal con que se mire, para un niño de ocho años seguramente seré un viejo, para mis padres, año arriba año abajo de los setenta, fijo que no.
Yo de momento ni me paro a pensarlo, tal vez cuando llegue a los cincuenta me de por hacerlo, pero bueno, para eso aún quedan tres largos (o cortos) años.
Llevaba mucho tiempo sin escribir, casi dos años, puesto que la última entrada no era mía, era de un amigo. Desde hace bastante también, quería retomar el blog, pero esta vez no era la vagancia lo que me podía. Era otra cosa. Era desanimo. Sí, lo reconozco, era desanimo, desgana, hastío, impotencia. Tiré la toalla.
España, Europa, el mundo, la humanidad, el planeta, todo va de mal en peor, y seguimos sin aprender de ello. Cosas que parecían en camino de superarse en esta sociedad nuestra del siglo XXI,  vuelven a retroceder a la prehistoria de los tiempos: machismo, homofobia, racismo, integración, educación.
En España los caraduras corruptos siguen gobernando, en USA coronan el colmo del capitalismo más puro e indecente eligiendo a un presidente cuyo único mérito es tener más dinero que nadie, y para colmo Europa soluciona los problemas humanitarios provocados por una guerra en la que está implicada, pagando a terceros para que mantengan hacinados en campos de concentración a los que huyen de la barbarie de ese conflicto. Como la basura, allá lejos donde ni se vea ni se huela. Nadie parece acordarse ya de la segunda guerra mundial o del holocausto.
Y lo peor de todo es que los que están arriba mandando y haciendo todo esto están legitimados por las urnas, hay una mayoría de la sociedad que les da el salvoconducto democrático para que sigan con estas políticas atroces. Y aquí es donde comienza el desánimo, al pensar que tenemos lo que merecemos y lo que nos hemos buscad, en ver que la gente no atiende a razones, que sus opiniones o sus elecciones o sus decisiones, se basan única y exclusivamente en un ejercicio de forofismo absoluto.
El debate y la discusión han de ser el elemento central de avance de una sociedad, pero siempre que las opiniones se apuntalen por detrás con razonamientos, que se pueden compartir o discrepar, pero siempre se han de respetar.
Por desgracia, lo que prevalece hoy en día, es como decía antes el síndrome del forofo, no hay razones, no hay lógica, sólo colores. Se es de un bando o de otro y aunque los de mi bando lo hagan rematadamente mal, los del otro bando lo harían siempre infinitamente peor, y por eso siempre defiendo a muerte a mi bando, aunque sean corruptos, mentirosos, caraduras, tramposos, ladrones ... que de todo hay en todos lados, dicho sea de paso, pero de eso se trata, de que no nos cieguen los colores y el que incurra en esos actos lo pague, sin importar el bando al que pertenezca.
Y ese desanimo fue goteando sobre este blog, día tras día, mes tras mes, y lo sumió en un silencio sepulcral, que ni yo mismo pensé que había comenzado hace tanto tiempo, casi dos años, repito. 
Llegados a este punto quedaría perfecto el poder contar que un día algo hizo un click dentro de mi, que cierto suceso provocó que mi cabeza diera un vuelco, que vi la luz al final del túnel al sucederme algo. Pero eso no es Hollywood, y la vida real no siempre supera a la ficción, aunque a veces lo consiga. No es el caso.
No puedo decir cuando empezó, ni si fue debido a algo, pero comencé a pensar hace tiempo que si el desanimo de que las cosas vayan mal nos vence, y nos convertimos en meros robots sin opinión, en peones de ajedrez que sólo obedecen, en autómatas que siempre glorifican a los de su bando y demonizan al resto por sistema, sin pararse a pensar siquiera un segundo, entonces sí que el mundo está perdido para siempre. Porque en el fondo eso es lo que buscan muchos de los que tienen el poder, perpetuarse en él por encima de todo sin atender a razón alguna , y para ello nada mejor que tener una buena legión de fanáticos descerebrados que les sigan y obedezcan sin rechistar y otra legión de resignados silenciosos que se traguen sus opiniones diferentes.
Y al final he decidido que no quiero pertenecer a ninguno de estos dos grupos, y por eso he vuelto a resucitar este blog. No sé de lo que voy a hablar, ni de quien, no sé lo que voy a contar, ni como voy a hacerlo. Sólo se que no quiero ser cómplice silencioso de nada ni de nadie, tengo mis propias opiniones, y mis propias razones y aunque nadie me escuche no pienso volver a callármelas.
Así que, si alguien me lee, que sepa que va a poder seguir haciéndolo porque he vuelto, y no pienso volver a marcharme.
Y como diría otro legendario personaje animado, de sobra conocido por el que hizo famosa la frase del título de este artículo, esto es to ... esto es to ... esto es todo amigos.