jueves, 30 de octubre de 2008

Humanos cotidianos

Me levanto como cada día, me aseo, me visto, desayuno y a la carretera camino del trabajo. El tráfico es intenso, estoy en un punto habitual de atasco, se juntan dos vías de dos carriles y justo 150 metros más adelante hay una salida hacia uno de los polígonos con más empresas de la ciudad. Los de la izquierda quieren ir a la derecha y viceversa, pero el lema "deja pasar y que te dejen pasar" no parece estar en la cabeza de ningún conductor, el lío es tremebundo. Logro pasar el punto conflictivo, callejeo por la ciudad hasta la zona donde intento aparcar (zonas en vías de extinción gracias a ese gran depredador llamado ORA). Es complicado encontrar sitio, me voy fijando en los coches aparcados, los hay que dejan hasta dos metros por delante y por detrás, qué importa que con eso estén fastidiando un sitio para otro coche, ellos ya tienen uno para el suyo, los demás que se ... fastidien. Aparco al fin. Me dirijo caminando a la oficina, me dan uno de esos periódicos gratuitos y puedo leer las declaraciones del concejal de tráfico de mi ciudad: "no pensamos que la apertura del nuevo centro comercial fuese a perturbar tanto el tráfico". Claro, es el centro comercial más grande de la comunidad autónoma, hay espacio como para cien locales y se calcula que trabajan unas dos mil personas en él, sin contar el montón de clientes que a diario pasará por allí. Está enclavado en uno de los polígonos industriales de la ciudad, que ya estaba saturado de tráfico mucho antes de que se construyera el centro comercial. Lo raro hubiera sido que algún consejero pensara que se podría agravar el problema del tráfico claro, porque normalmente esos señores se dedican a vivir, no a pensar (¿sabrán hacerlo?). En la oficina un día normal de trabajo. Eso sí, me llaman cuatro veces del 609, al final cojo la llamada, es de mi operadora de telefonía móvil, intento armarme de paciencia y ser educado, pero termino colgando la llamada dejando a mi interlocutor con la palabra en la boca, es demasiado esfuerzo tratar de entender a alguien que se supone va a informarme de algo beneficioso para mí, que en teoría habla mi idioma y al que no le pillo tres de cada cuatro palabras que me dice (tendré que hacer un cursillo de uruguayo, mexicano, argentino, peruano y venezolano a ver si con esas lo logro). Pausa para la comida, nueva lectura de la prensa. De entre las hojas del diario se escapa un folleto de propaganda, es de la Xunta de Galicia, del departamento de Sanidad, habla sobre las setas (al menos hay fotografías de setas), supongo que informa de los peligros de cogerlas etc, lo de todos los años en esta época, y digo supongo porque el susodicho folleto viene única y exclusivamente en gallego, ni rastro de castellano, tampoco es extraño, montones y montones de papeles y comunicados oficiales de la Xunta se hacen únicamente en gallego. Tendré que repasarme esa parte de la ley donde dice que en Galicia las lenguas oficiales son dos: el gallego y el castellano
Termina la jornada y de nuevo tomo el coche para regresar a casa, atasco monumental en el centro, serán las obras, o algún accidente, o que está lloviendo y hay menos visibilidad y más coches. Llego al meollo del atasco, es un cruce, los semáforos se abren pero no pueden pasar los coches, una caravana de otros automóviles está tapándoles la calle, sin ningún resquicio por el que pasar. Debajo suyo hay un enorme rectángulo rayado en amarillo. Creo recordar que esa señal indica que no se puede bajo ningún concepto parar el vehículo encima. Debo de ser el único que recuerda eso.
Llego por fin a casa. Al fin puedo ¿descansar?, no gracias, un hombrecito que levanta apenas unos palmos del suelo me regala lo mejor del día: una enorme sonrisa, y se lanza corriendo a mis brazos al verme, toca jugar a toda pastilla con ese terremoto de once meses que no para quieto un segundo. Horas después, cuando ya le hemos bañado, ha cenado, y reposa tranquilo y con los ojos medio cerrados a punto de irse a la cuna, le miro y me maravillo de su inocencia.
Luego, cuando salgo de su habitación una vez se ha quedado dormido, me paro y muchos días me hago a mi mismo una pregunta sin respuesta: ¿EN QUE PUÑETERO MOMENTO NOS VOLVEMOS TAN GILIPOLLAS LOS HUMANOS?
Tal vez alguien sepa contestarla.

martes, 21 de octubre de 2008

Huelga en la justicia

Bendito país, tenemos a los jueces de huelga encubierta y a los secretarios judiciales lo mismo, ¿ o la huelga de estos últimos no era encubierta?, bueno, tampoco importa mucho el matiz. Lo que si que importa de verdad no es siquiera la discusión sobre el derecho a la huelga, ni tampoco la discusión sobre si el gobierno interfiere con la justicia o deja de hacerlo, lo que realmente importa es el fondo de la cuestión, el cual, como suele ser habitual es extremadamente simple, y en este caso son los motivos aducidos para el citado paro (encubierto o descubierto, repito que eso es lo de menos), y que son ni más ni menos que la situación de los juzgados es insostenible, la acumulación de expedientes asfixiante y el nivel de medios para desarrollar la actividad diaria irrisorio. Y seguramente todo eso sea cierto, y por ello motivos mas que sobrados para establecer protestas y reivindicaciones y demás acciones para reclamar que se subsanen tantas deficiencias. Ahora bien, todo esto no es flor de un día, es decir, esta situación se lleva arrastrando desde hace mucho tiempo, y nunca jamás se habían convocado movilizaciones o paros para denunciar la situación. Que triste (pero a la vez elocuente) casualidad que salgan a la luz ahora todas esas cosas, para posicionarse todos a una en solidaridad con una compañera sancionada recientemente por irregularidades en su desempeño. Irregularidades que por cierto se están justificando como provocadas por toda esa falta de medios existente. Si tan grave es, repito, ¿como es que no se ha denunciado con anterioridad?
Mucha cara es lo que tienen algunos, y mucha desfachatez para cubrirse las espaldas con ese mal entendido corporativismo del que muchos por desgracia hacen gala.

viernes, 3 de octubre de 2008

Apariencia

Iba yo caminando el otro día cuando observé que un par de personas se volvían a echar una mirada de reojo a cuatro individuos que charlaban animadamente en la acera. Ciertamente su aspecto llamaba la atención, sobre todo a esas tempranas horas (serían las ocho y poco de la mañana), pues si no fuera que el día era laborable, bien parecería que estaban de boda: traje impecable perfectamente planchado, corbata firme al cuello, zapatos relucientes y cabellos repeinados. Una vez descartado lo de la boda, el pensamiento subsiguiente de la gente que se giraba disimuladamente para mirarles supongo que sería el de que su ocupación laboral debiera ser importante o cuando menos de alto caché económico a la vista de su imponente presencia. En esto un taxi se paró a su lado y los cuatro entraron un momento en el hall del hotel, y salieron pertrechados con sus portátiles bien enfundados en sus negros maletines. Confieso que no pude reprimir una sonrisa en ese momento, pues podría apostar con grandes probabilidades de ganar, a qué se dedicaban aquellos individuos. Es más, dado que mi ámbito laboral es el mundo de la informática, yo mismo me he visto a menudo en situación similar a la de ellos. Ese pensamiento me borró la sonrisa al instante. Aquellos individuos no eran directivos de alto nivel, ni "brokers" de bolsa, ni altos (ni medios ni bajos) cargos, eran simplemente cuatro "pringados mileuristas" informáticos, obligados por su empresa a vestir de punta en blanco para tener buena presencia en el cliente de turno, al que a buen seguro le cobraría una buena pasta por cada hora de trabajo suya. Y sin embargo, que triste paradoja, la gente se volvía a mirarles por la calle, con lo cual se seguiría engordando ese mito urbano, ese cliché totalmente falso, de que los informáticos ganan mucho dinero y que es una profesión muy bien remunerada. Porque a veces eso es lo más triste y lo que más duele, que estando tan mal pagados como los demás trabajadores la gente nos mire como si fuésemos los reyes del mambo y nadásemos en la opulencia. Por desgracia, nada más lejos de la realidad.