miércoles, 3 de septiembre de 2008

Accidente aéreo

He perdido la cuenta de los días que han pasado desde que en el aeropuerto de Barajas se estrelló el dichoso avión de Spanair. Y no me importa, porque estoy hasta las narices del dichoso accidente. Puede sonar un poco brusco, pero es la realidad que debemos agradecer a los medios de comunicación que nos rodean y que más que informarnos la mayoría de las veces nos ahogan, nos hastían y hasta nos avergüenzan. Porque vergüenza es lo que siento cuando veo a algún enviado especial en un tanatorio preguntándole cosas a alguien que acaba de perder a un ser querido, vergüenza siento leyendo páginas y páginas de periódicos llenas de artículos ñoños sobre las víctimas del accidente, contando sus vidas y las de sus familias. Es muy triste lo sucedido, todos lo sentimos, pero ¿tenemos por ello que elevar a la categoría de héroes a estos muertos?, ¿y los veinte o treinta que se matan cada fin de semana en la carretera?, ¿y los que mueren en accidentes laborales?. Claro que esos no son tan noticia como este accidente, y generan menos morbo y por tanto menos expectación y por tanto menos audiencia, que en el fondo es lo único que buscan estos pseudo-periodistas sin escrúpulos que manejan los medios de comunicación. Y ya no vergüenza sino asco, me da el ver como retuercen y exprimen día tras día los hechos, para encontrar fallos de seguridad, abusos laborales etc y justificar así el accidente. Da lo mismo que en treinta años sólo tengamos en este país dos o tres accidentes de avión de entre los miles de vuelos diarios que surcan nuestros cielos. Eso no importa, porque la gente (por no llamarlos otra cosa más animal) traga con todo y no se para a pensar sobre las cosas, y ahora cada vez que se enciende una bombilla en un avión a todo el mundo le entra el pánico y quiere bajarse para poner a caer de un burro a la compañía, a los mecánicos y a los pilotos, por caraduras, imprudentes etc. Debe de ser que cuando un avión se cae la tripulación no muere, y por eso les da igual la seguridad del aparato y son capaces de despegar de cualquier manera. Pero claro, esto la gente no se para a pensarlo, porque la gente hace mucho que no conjuga ese verbo todo lo que debería, para desgracia del género humano.

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