jueves, 12 de mayo de 2011

Siguen siendo los más grandes.

Que la envidia es uno de los deportes nacionales de este nuestro país no es nada nuevo. Seguro que superamos en número de licencias a cualquier otro que se nos quiera disputar la primacía mundial en la especialidad.Por ello no es de extrañar, sino todo lo contrario, era esperable, que los buitres patrios, en este momento en que coinciden malos resultados para dos de nuestros deportistas más insignes (Rafa Nadal y Pau Gasol), se lanzasen sobre ellos para darles duro y a la cabeza. Y no por esperado el espectáculo es menos lamentable. Los errores que a ellos se les critican como capitales al resto de deportistas de sus mismas especialidades se les pasan por alto o se les minimiza en importancia. Resulta que ahora Nadal está acabado, que no da más, que ya no es el mejor sobre tierra batida, que ya va a perder el número uno etc ... y todo esto porque ha perdido un partido en tierra el otro día, el primero en dos años, y porque ha perdido otras dos finales esta temporada contra el mismo rival. Nadie se para a pensar que eso es cierto sí, pero que también hay que tener en cuenta que ha llegado a todas esas finales, y el resto no !!. Gasol ahora es el epicentro de todos los males de su equipo. Es obvio y notorio que no ha hecho buenos play offs, el mismo lo reconoce. Pero el resto de la temporada a estado imperial en muchos tramos de la misma, pero eso no se le valora. Y claro, si su equipo pierde y es eliminado la culpa es suya por jugar tan mal. Pero el año pasado y el anterior, cuando quedaron campeones la clave era que tenía unos compañeros muy buenos que hacían ganar al equipo y Gasol era un blando. Y así podríamos seguir hasta el infinito y más allá, pero no merece la pena. Gasol y Nadal son dos de los más grandes deportistas que ha dado este país, pese a quien pese. Y lo seguirán siendo pase lo que pase, ya se lo han ganado a lo largo de sus carreras deportivas con lo que han conseguido.
Y de todos modos, yo estoy seguro de que volverán a ganar, a triunfar, y los buitres tendrán que volverse  a esconder en los altos picos de la sierra, para rumiar allá en silencio su putrefacta envidia, mientras los demás nos dedicamos a vitorearles.

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